Al referirnos al perro callejero es importante tener en cuenta que no es lo mismo hablar de un perro que vive en la calle permanentemente, deambulando para conseguir comida y refugio, que de un perro que es liberado cotidianamente por sus propietarios para que esté en la calle parte del día y luego regresar a su casa. Al primero podríamos llamarlo perro callejero propiamente dicho mientras que al segundo podríamos llamarlo perro parcialmente callejero.

En esta última categoría también entraría aquel perro que, viviendo permanentemente en la calle, se afinca en un lugar y es alimentado por gente de la zona. Las condiciones de vida del perro callejero propiamente dicho hacen que existan algunas diferencias importantes con respecto al perro de familia.


Perro callejero propiamente dicho

Una diferencia importante es que el perro callejero tiene un “área de residencia” en lugar de un territorio. Se denomina área de residencia a la zona que un perro en libertad recorre habitualmente. Por ejemplo el antecesor del perro, el lobo, recorre habitualmente varios kilómetros diarios. Gran parte de ese recorrido lo realiza en el área de residencia, por lo cual dicha área puede tener una extensión de varios kilómetros cuadrados. 

El territorio normalmente es una pequeña zona dentro del área de residencia a la cual el lobo defiende activamente de la intrusión de extraños. Un perro que vive en una casa puede tomar a la misma o parte de ella como territorio y defenderla de extraños. Como consecuencia de ello, un perro cuyo propietario deje una puerta de acceso a la calle abierta puede agredir a una persona que pase por el lugar. El perro callejero propiamente dicho generalmente no posee un territorio por lo que no suele manifestar agresión territorial con gente que se encuentre en la calle. 

Otra diferencia importante con respecto al perro de familia es que el perro callejero propiamente dicho tiene que trabajar para vivir. Pasa gran parte del día ocupado: intenta conseguir alimento, debe buscar protección ante un clima desapacible y debe protegerse de los peligros que implica vivir en la calle. Esta realidad hace que busque sobrevivir y no tenga un estatus social elevado con respecto a la gente del lugar y por lo tanto las posibilidades de manifestar agresión jerárquica son mucho menores. 

La única situación en la que el perro callejero propiamente dicho, sobre todo si está en jauría, puede evidenciar una agresividad importante es aquella relacionada con la agresividad predatoria, hecho que habitualmente ocurre en zonas rurales. 


Perro parcialmente callejero

El comportamiento de un perro parcialmente callejero en general suele ser más parecido al perro que vive en una casa que al perro callejero propiamente dicho. El perro parcialmente callejero no necesita trabajar para vivir, es decir, su comportamiento habitualmente no está relacionado con la subsistencia y ello es lo que lo diferencia fundamentalmente del perro que vive permanentemente en la calle. 

Algunos de estos perros tienen propietario y viven en casas pero son liberados por sus dueños durante el día para que vagabundeen libremente. En otras ocasiones no necesariamente tienen un propietario formal sino que son alimentados por alguna persona en particular y los perros se afincan en la entrada de la casa. A diferencia del perro callejero propiamente dicho, el perro parcialmente callejero suele establecer un territorio y puede defenderlo de la presencia de intrusos.

El mayor problema es que al estar en la calle el perro puede considerar intruso a todo aquel que transite en las cercanías del lugar donde esté afincado y ello puede implicar la manifestación de un comportamiento agresivo de tipo territorial, lo cual constituye un peligro para la integridad física de los transeúntes.